Los alimentos, además de aportar los nutrientes que el organismo precisa para su funcionamiento y desarrollo saludables, proporcionan gusto y placer. Gracias a las miles de papilas gustativas de que disponemos, percibimos y distinguimos los distintos sabores de los alimentos, en gran medida unidos a otras sensaciones, debido a la coordinación del gusto con otros sentidos, y en particular al del olfato. Los compuestos químicos de los alimentos se disuelven en la boca y penetran en las papilas gustativas a través de los poros de la superficie de la lengua, donde entran en contacto con células sensoriales. Cuando un receptor es estimulado por una de las sustancias disueltas, envía impulsos nerviosos al cerebro. La frecuencia con que se repiten los impulsos indica la intensidad del sabor.
Estas circunstancias pueden influir de manera notable en el interés de las personas hacia el consumo de alimentos y les puede conducir a pérdida de apetito. De ahí que sea esencial modificar la dieta, la elaboración de los platos y su presentación, para que estos resulten más apetecibles. En cualquier caso, la condimentación de los alimentos con especias y hierbas aromáticas durante su preparación y elaboración ayuda a realzar el sabor y el aroma de las comidas, haciéndolas más apetecibles.
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